Qué significa ser pesimista.

A grandes rasgos, es tener una interpretación negativa de la vida. Las personas pesimistas focalizan su atención en los acontecimientos negativos y creen que a ellas les suceden cosas más malas que al resto de las personas que las rodean. Tienen poca esperanza en que las cosas puedan ir bien, por lo que no acostumbran a tener demasiadas expectativas.

Utilizan mucho la conjunción “pero”, que las traslada de lleno al lado negativo de todas las cosas y opciones.

Cuando las cosas les salen bien, creen que esto no va a durar y esperan el batacazo que las machaque, es como si no supieran gozar de las cosas buenas que les ofrece la vida.

Tienen muy presentes todas las cosas de su pasado que les han salido mal y creen que esto se va a ir repitiendo en sus vidas.

Al ser personas que están muy enfocadas en la negatividad, no acostumbran a ver las oportunidades que les da la vida, por lo que estas pasan de largo; algo que les da más motivo para lamentarse.

Acostumbran a quejarse mucho y esto acaba cansando a las personas que las rodean, por lo que es habitual que las personas con tendencia al pesimismo no tengan demasiadas amistades.

Normalmente son personas con una baja autoestima que no solo tienen una imagen negativa de la vida sino que la tienen también de ellas mismas. 

A grandes rasgos, la persona pesimista tiene una interpretación negativa de la vida.

¿Realismo o pesimismo?

La vida no es una línea recta, tiene cosas que nos gustan y cosas que no nos agradan. Constantemente nos están sucediendo cosas y no podemos estar alegres todo el tiempo porque la vida también nos trae momentos tristes; el problema surge cuando solo nos enfocamos en los instantes difíciles y lo acabamos viendo todo complicado; así como tampoco nos aporta demasiados beneficios irnos hacia el otro lado y negar la parte que menos nos gusta de la vida fingiendo que no existe, porque eso sería autoengañarnos.

El truco está en reconocer los malos momentos cuando llegan, aceptarlos y ver la manera de gestionarlos, esto incluye el poder expresar las emociones libremente (reír, llorar, sorprendernos…). 

La realidad es que si tengo una situación que no me gusta para nada, puedo decidir si me resigno y digo cosas del tipo “así es la vida, ¡qué le vamos a hacer!”, “si es que todo lo malo me pasa siempre a mí, ya estoy acostumbrada”, etc., o bien decirme: “Vale, tengo esta situación que no me gusta, ¿qué puedo hacer para salir de aquí? ¿Quién me puede ayudar? ¿Qué necesito tener o saber?, etc.”

Esta última opción sería ver la situación con optimismo pero sin autoengaños, porque estoy reconociendo que tengo una circunstancia que no me gusta para nada y voy a enfocarme en la salida de esta y no en la adversidad. Esto es algo que me empodera en vez de empequeñecerme ante los problemas. 

Cuando yo acepto la realidad y no la escondo detrás de un falso optimismo, me hago más fuerte ante situaciones de duelo, por ejemplo, porque no me engaño, comprendo que la muerte forma parte de la vida y esto lo uso para disfrutar más del momento presente, de las personas que amo y, sobre todo, de mí.

Cuando nos negamos las cosas sufrimos innecesariamente y nos resulta casi imposible encontrar la salida porque no reconocemos que tenemos algo por resolver.

Pensar de forma positiva no significa negar la realidad, sino aceptarla y buscar la salida a las situaciones adversas.

Ideas para ser más optimistas.

  1. Acepta los errores como aprendizajes y no los veas como fracasos. 

A pesar de que hemos oído un montón de veces que “de los errores se aprende” a menudo no nos lo aplicamos y vivimos las equivocaciones como fracasos que necesitamos esconder.

Si, encima tenemos una tendencia al pesimismo, empezaremos a decirnos cosas del tipo: “siempre me equivoco, es normal”, “otra vez lo hago fatal”, etc.

  1. Cuida tus pensamientos.

Controla lo que piensas sobre las cosas y empieza a ir cambiando los pensamientos de derrota por otros de victoria. 

En vez de dejarte invadir por pensamientos negativos, comienza a darles la vuelta, poco a poco, de uno en uno, como dice la voz popular “sin prisa pero sin pausa”.

Conviértete en una detective de tus pensamientos y juega (tómatelo como un juego) a darles la vuelta. Ante un “todo me sale mal”, podrías probar con un “¿mira que si todo empieza a salirme bien?”. No digo que sea fácil, y mucho menos que obtengas resultados en pocos días, solo digo que empieces porque cuando das un primer paso para el cambio, como mínimo ya te vas alejando del pensamiento negativo.

  1. Deja los juicios y etiquetas atrás.

En la niñez, las personas adultas nos decían “esto está bien”, “esto está mal”, “esto no se hace”, “¡Mira esta qué mal se porta!”, “¡No hables tanto que me das dolor de cabeza!”, etc. y todos estos mensajes quedarían en nada si no los mantuviéramos en nuestra etapa adulta; pero el problema es que nos los vamos repitiendo constantemente a nosotras mismas y esto es algo que lastima profundamente nuestra autoestima.

Tomar consciencia de lo mal que nos hablamos y decidir iniciar una bonita relación con nosotras mismas es clave para empoderarnos y hacer frente con fortaleza a todas las adversidades de la vida.


Muchas gracias por leerme.

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