Nuestro cerebro es muy plástico y permite moldearlo como decidamos. Por tanto, podemos trabajarlo para ir transmutando todos aquellos tatuajes que se nos han grabado desde la infancia.”

Janet Recasens

Tenemos el poder de modificar nuestro cerebro en función de lo que le aportemos.

Hasta hace pocos años se creía que aquello que habías vivido en tu niñez te marcaba para siempre y que no podías hacer nada para cambiarlo; ahora ya se conoce la elevada plasticidad de nuestro cerebro. Esto significa que tenemos el poder de modificar nuestro cerebro en función de lo que le aportemos.

Así, si por ejemplo, reconocemos nuestros hábitos no saludables (en este caso no me estoy refiriendo a fumar, beber refrescos o comer mal) me refiero a los que tienen una afectación directa en nuestro cerebro, es decir, un mal hábito es ver series de televisión varias horas a la semana o incluso al día; un buen hábito para sustituirlo es el de combinar el visualizado de series con la lectura o la audición de algún libro para que, progresivamente, terminemos pasando más horas con la lectura que con las series.

Este es un ejemplo muy genérico, pero tenemos que tener en cuenta que constantemente estamos renovando células neuronales (incluso mientras dormimos).

Esta cualidad de nuestro cerebro es lo que nos permite aprender, crear y/o adaptarnos al medio.

Así es que tienes el poder de modificar aquellos aspectos de tu vida que no están funcionando bien y cambiarlos para que sean como te gustan.

Para ello, lo primero que tienes que hacer es detectar qué es lo que no está funcionando bien en tu vida.

Anótalo en tu libreta y a continuación elige solo un aspecto de lo que hayas escrito.

Seguidamente anota todo lo que piensas y dices sobre él y también aquellos hábitos que tienes en relación con este aspecto.

Detecta todo lo que sea negativo e incluso tóxico para ti.

Y escribe qué nuevos hábitos (de pensamiento, de palabra y de acción) necesitas ir modificando para conseguir los resultados que deseas. Es un proceso, hay que ir haciendo un poco cada día e ir avanzando progresivamente.

Al principio te parecerá que nada cambia e incluso puedes llegar a pensar que no vale la pena seguir porque te estás esforzando y no ves resultados; pero ten paciencia, ahora estás en lo que yo llamo “etapa semilla”; o sea, estás como si hubieras sembrado una semilla en una maceta y, a pesar de cuidarla, no ves para nada que aparezca ningún tallo. El problema es que no puedes ver las raíces que está echando la planta, estas raíces son lo que la van a fijar a la tierra y a proporcionarle el alimento. 

Cada vez que sientas que, a pesar de tu trabajo, nada cambia, puedes repetirte: “estoy en la etapa de echar raíces, ahora no veo el resultado porque todavía no ha salido al exterior”. Y persistes en tu trabajo de cambio.

Con el paso de los días llegará el resultado.

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