Hemos leído un montón de veces la famosa frase de Buda: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional” y, a pesar de ello, hay demasiadas personas que sufren por todo o por casi todo, sufren porque sus hijes se hacen mayores, sufren por si cuando crezcan no encuentren trabajo, sufren porque “las cosas están muy mal” a pesar de que tienen todas sus necesidades básicas más que cubiertas, sufren por si les pasa algo a sus hijes y un largo etcétera más. Ya ha llegado el momento de aplicarnos el cuento y dejemos de padecer por todo.


Preocupación no es sinónimo de responsabilidad.

La preocupación es uno de los más extendidos y tóxicos venenos emocionales que cargamos. Además, nos aleja del momento presente porque cuando estamos preocupadas por algo que no para de dar vueltas y más vueltas dentro de nuestra cabeza, nos encontramos anticipando un futuro angustioso o negativo que no nos deja vivir el presente.

Cuando caemos en las redes de la preocupación, siempre encontramos cosas por las que preocuparnos, algo que nos provoca un sufrimiento inútil. Cuando estamos allí sufrimos un malestar emocional que nuestro cuerpo percibe como si nos encontráramos ante un peligro real y llega un momento que nos sentimos bloqueadas e incapaces de hacer frente a aquello que nos preocupa.

Libérate y ocúpate de los problemas en lugar de preocuparte por ellos.

Ocúpate de los problemas en lugar de preocuparte.

Cuando te comento que no nos interesa preocuparnos por las cosas no estoy diciendo, de ninguna manera, que finjamos que los problemas no existen o que no pasa nada, sino todo lo contrario; con esto lo único que logramos es emplazar el problema en el futuro; en cambio, cuando sientas que algo te preocupa planifica la solución de este problema.

Cuando decides “ocuparte” en lugar de “preocuparte” tomas el poder. Porque lo que haces es buscar las salidas más correctas para salir de allí.

Ten en cuenta que un exceso de preocupación perjudica la salud ya que esa preocupación se transforma en angustia; además, no tiene ningún sentido darle muchas vueltas a los problemas porque no estás enfocada en cómo salir de allí, sino que toda tu atención está puesta en el problema. Cuando dejas de preocuparte tu mente se calma y es desde esa tranquilidad que puedes ver la salida, o bien percibir la inutilidad que es la preocupación para hacer frente a ese problema.


El sufrimiento y el pensamiento negativo.

Si puedes pararte un momento a observar aquellas cosas por las que sufres o te preocupas en exceso verás que van ligadas a pensamientos negativos, porque cuando sufres estás anticipando un final trágico de aquello que te preocupa. Toma conciencia de estos pensamientos negativos y cuestiónalos. 

Hazte preguntas del tipo: 

“¿De verdad va a salir todo tan mal?”

“¿Seguro que no hay más opciones?”

“¿Qué puedo hacer yo para encontrar la solución a esto que tanto me preocupa?”

“¿Quién me puede ayudar?” y un largo etcétera más.


Preocuparte por las personas que amas las ahoga.

Toda persona adulta y en pleno uso de sus facultades mentales puede cuidar se sí misma.

Cuando te preocupas en exceso por las personas que amas, lo que estás haciendo es controlarlas y no permitirles que hagan su propio camino, que tomen sus propias decisiones y que se equivoquen.

Equivocarse es uno de los ingredientes más importantes del aprendizaje y si no dejamos que las personas que amamos se equivoquen o se caigan les estamos vetando su desarrollo.

Una cosa distinta es tender nuestra mano cuando una persona amada se cae, pero será su libre decisión el tomarla o no.


Cómo trabajar en el cambio de tus pensamientos para dejar de preocuparte por todo.

  • Busca y adopta una palabra-mantra.

Esta palabra será tu comodín. La podrás utilizar cada vez que tu mente te lleve a preocuparte por algo. Cuando esto ocurra, empieza a recitar tu palabra mantra hasta que tu atención haya pasado de la preocupación al mantra.

Es imprescindible que la palabra que elijas sea una con buena vibra y positiva. Te dejo aquí algunos ejemplo que han compartido conmigo algunos de mis clientes:

calma, te amo, paz, amor, alegría, tú puedes, amiga, luz, éxito, yo confío, etc.

Y también me hace ilusión compartir la mía: “Gracias” (la llevo incluso tatuada en mi brazo izquierdo, el que se encuentra próximo al corazón).

Cada vez que me doy cuenta que estoy teniendo pensamientos negativos, de angustia o de preocupación, empiezo a repetir la palabra “Gracias” hasta que se me pasa. Desde esa calma y paz interior que me trae el verbalizar el mantra una y otra vez es cuando puedo empezar a encontrar la salida.

  • Cambia tu manera de hablar y de expresarte.

Te invito a que tengas todo un día la grabadora del teléfono móvil conectada y que por la noche hagas un estudio de cómo hablas y cómo te valoras.

Este ejercicio es muy poderoso, pero, como todo, necesita de mucha práctica. Anota en tu cuaderno todos los pensamientos negativos en general y las expresiones desfavorables sobre ti que hayas dicho a lo largo del día y reescríbelo todo en positivo.

No dejes pasar ni uno.

  • Enfócate en el momento presente.

Cada vez que tu mente te lleve hacia el futuro dramático que se imagina, sonríe y recita el mantra que hayas elegido. Hazlo hasta que sientas que esa preocupación por algo, que todavía no ha pasado y que será muy difícil que suceda, haya desaparecido.

Acostúmbrate a realizar dos respiraciones profundas varias veces a lo largo del día, este hábito solo te va a aportar beneficios:

  • Te vuelve al momento presente.
  • Te permite realizar un juego muy saludable. Cuando tomes aire, puedes repetirte “inhalo vida, paz y salud”; y cuando lo expulses  di “elimino tensiones y preocupaciones”. 

Puedes hacerlo mentalmente o en voz alta.

Si empiezas ahora mismo a practicar mis propuestas empezarás a tomar las riendas de tu vida. Sin ninguna duda.

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