Los niños hacen aquello que nos ven hacer.

 

Todos los padres y madres queremos que nuestros hijos sean felices, pero pocos son los progenitores que practican con el ejemplo. Es necesario pensar que nosotros somos un espejo para ellos.

Si queremos que lean tienen que vernos leer, si queremos que hablen bien tenemos que hablar bien, y si queremos que sean felices deben vernos felices a nosotros.

 

No contribuye a la felicidad de nuestros hijos…

Esconderles la verdad de lo que pasa en la familia por miedo a que sufran. Si los padres están en un proceso de separación, si una persona próxima está enferma o ha muerto, en definitiva, si cualquier asunto familiar inquieta a los padres es importantísimo hablarlo a los niños.

Ellos tienen un radar muy potente capaz de detectar nuestras preocupaciones, y si no las hablamos con ellos se angustian de manera desmesurada. Hablémoslo con ellos de forma que lo puedan entender en función de su edad, pero hablémoslo, porque así, además, les estamos demostrando que forman parte de la familia, que contamos con ellos y que son importantes para nosotros.

Es un error esconderles situaciones familiares difíciles con la intención de evitar entristecerles, compartir con ellos todos los sucesos de casa les proporciona los cimientos adecuados para ir adquiriendo una alta autoestima, autonomía y seguridad.

 

¿Has oído hablar de los padres y madres helicópteros?

Los padres helicópteros son aquellos que siempre están encima de sus hijos y que, en consecuencia, los protegen en exceso, cosa que les provoca un montón de limitaciones, gran inseguridad para andar por la vida y una autoestima baja al asumir que ellos no pueden realizar la mayoría de cosas que sus padres ya hacen por ellos.

Contribuir a la felicidad de nuestros hijos es permitir que tropiecen, caigan al suelo y se levanten por ellos mismos; que se equivoquen y vayan aprendiendo ellos mismos a base de la fórmula “ensayo-error”.

Cuando sobreprotegemos en exceso a un niño, le estamos negando la oportunidad de desarrollar sus propios recursos que le valdrían para ser una persona plena y feliz. Curiosamente, produce el efecto contrario al pretendido.

 

Para poder desplegar sus alas, la mariposa debe completar todo el proceso.

 

El nacimiento de la mariposa

Cuentan que una vez una persona observaba cómo una mariposa salía de su crisálida.

Era una situación angustiosa porque el animal realizaba un esfuerzo desmesurado. Esta persona, al ver este sufrimiento, decidió ayudar a la mariposa y cortó la crisálida para que pudiera salir sin dificultades.

El resultado la dejó atónita: la mariposa, que salió con el cuerpo lleno de líquido y las alas replegadas y minúsculas, murió a los pocos minutos de ver la luz.

¿Qué había pasado?: que el esfuerzo que hace la mariposa al salir de su crisálida, empuja el líquido acumulado en su cuerpo hacia las alas que, en este proceso, se despliegan volviéndose grandes y fuertes.

Afortunadamente, nuestros hijos no mueren por un exceso de protección, pero sufren limitaciones que no les permiten vivir una vida con la plenitud deseada.

 

Contribuye a la felicidad de nuestros hijos…

Permitirles que decidan sobre aspectos que les atañen directamente:

  • Escoger la ropa vestirán al día siguiente. Podemos dejarles encima de la cama dos o tres prendas diferentes adecuadas al sitio y a la estación del año en la que estamos, y permitirles que escojan qué camiseta y qué pantalón quieren ponerse.
  • Decidir qué ropa se comprarán. Es una actuación muy similar a la anterior. Dejamos encima del mostrador de la tienda tres o cuatro camisetas que nosotros hemos escogido previamente en función del precio, época del año, etc., y podrá escoger una, dos o más en función de las que queramos comprar.
  • En el momento de comprar comida también podemos permitir que escojan qué haremos para cenar o para comer. Por ejemplo, si pensamos cocinar legumbre, que ellos escojan si compramos lentejas, judías o garbanzos; si pensamos cocinar verduras, que ellos escojan si compramos judías verdes, acelgas o espinacas. Siempre pondremos nosotros la primera orientación y después dejaremos que ellos escojan.

Para que un niño sea respetuoso, lo primero que necesitamos es que sea un niño respetado. Escuchar su voz, permitirle que opine sobre temas que afecten a la familia, darle obligaciones domésticas en función de su edad… es demostrarles que los respetamos, que nos importan y que contamos con ellos.

 

Más cosas que contribuyen a criar niños y niñas felices

  • Dedicarles tiempo en exclusiva. Un día el padre y otro la madre. Salir a pasear, a jugar, a tomar algo… Esto cultiva el diálogo y aporta seguridad y confianza en los niños y en la relación que tenemos con ellos.
  • Escucharlos cuando hablen y no menospreciar ninguna preocupación suya. Es cierto que desde el punto de vista de los adultos, las preocupaciones de los niños son insignificantes, pero para ellos no lo son en absoluto. Escucharlos y hablar con ellos hace que se sientan valorados y amados, en definitiva, sienten que nos importan.
  • Explicarles lo que nos pasa o lo que nos ha pasado. Comentar con ellos nuestro día a día fomenta que ellos también nos expliquen el suyo.
  • Explicarles cuentos. Instaurar la hora del cuento en casa es regalarles unos minutos de bienestar, comunicación y calma. Explicar cuentos a los niños es abrir una puerta a la sinceridad y a la alegría.

 

 

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