Daniel Goleman, el padre de la inteligencia emocional, dijo que las emociones que tenemos que controlar son las estresantes y limitantes, ya que sentir emociones es algo que aporta riqueza a nuestra vida.


Las emociones, mejor en su justo punto.

Nacemos con un paquete de emociones instalado dentro nuestro, estas emociones nos permiten adaptarnos al medio en el que vivimos y, utilizadas en los momentos adecuados, nos producen grandes beneficios. Por ejemplo, una de las emociones básicas y que nos produce una sensación muy desagradable es el asco; pero si yo siento asco para comerme un alimento en mal estado y que huela mal, esto me va a evitar enfermar; o si yo tengo miedo de cruzar una autopista cuando los coches circulan a alta velocidad, es un miedo que me salva la vida. El problema empieza cuando las emociones se disparan y se van a uno de los extremos; como ocurre con las fobias que son miedos desproporcionados a cosas que a otras personas las deja indiferentes: fobia a los ascensores, a espacios cerrados, a espacios abiertos, etc.

Las 6 emociones básicas o primarias que tenemos son:

  • el miedo y el asco, (ambas poseen una función protectora); 
  • la tristeza, que indica a quienes nos rodean que necesitamos ayuda; 
  • la sorpresa, que aunque dura unos breves instantes, nos prepara para afrontar lo que pueda venir después y que es totalmente inesperado para nosotras;
  • la alegría, que nos recarga la energía del bienestar y
  • la ira, que nos permite poner límites.

Nos interesa mucho aprender a convivir con las emociones de una manera saludable, ya que una mala gestión continuada de ellas nos puede traer problemas de salud (estrés, dolores musculares, úlceras en el aparato digestivo, ansiedad, etc.).

La etapa ideal para aprender a gestionar nuestras emociones es la que va de los 0 a los 7 años, ya que lo que asimilamos durante la primera etapa de vida marcará cómo vivamos de mayores; por esto es tan importante que empecemos a ocuparnos de desarrollar nuestra inteligencia emocional porque en función de cómo actuamos y reaccionamos, les niñes, que siempre nos están observando, acostumbrarán a imitar nuestra manera de comportarnos y de reaccionar. Si hemos ido trabajando en nosotres la inteligencia emocional, les podremos transmitir una manera saludable de gestionar las emociones.

Los miedos «no reales» se van instaurando desde la niñez.

Del miedo saludable y del miedo limitante.

Tal como he comentado más arriba, el miedo es una de las emociones básicas incluídas en nuestro pack de nacimiento. Este miedo tiene la misión de protegernos de peligros reales y de salvarnos la vida en más de una ocasión. A pesar de que, a menudo, percibimos el miedo como una emoción negativa porque cuando lo sufrimos, nuestro cuerpo y nuestra mente sufren malestar: temblamos, sudamos, el corazón late muy rápido… y con todas estas reacciones fisiológicas, nuestro estado de ánimo se altera; esta alteración, si sucede de manera puntual y ante un peligro real, no tiene apenas consecuencias, pero si se mantiene a lo largo del tiempo, como ocurre con los miedos que fabrica nuestra mente (ansiedad), podemos llegar a tener problemas de salud.

Y es que nuestra mente no sabe distinguir un miedo auténtico ante un peligro real del miedo injustificado, ese que sentimos sin que nuestra vida corra peligro; es por esto que manda a nuestro organismo el mismo mensaje de alerta tanto si la amenaza es real o no.


Miedos no reales: los que construye nuestra mente.

Cuando, desde la niñez, se nos han ido instaurando una serie de miedos “no reales”, estos acaban bloqueando y limitando nuestro desarrollo de tal manera que acabamos rechazando por miedo oportunidades que nos ofrece la vida.

Pero lo que realmente nos da miedo no es aquello que nos da pavor hacer, sino la interpretación que hacemos de eso.

Cuando el miedo exagera su función protectora es cuando surgen la ansiedad, la angustia, la incerteza, la preocupación, el horror, el estrés, la desconfianza, la fobia, el pánico, etc. y esto es algo que, además de limitar nuestra vida, nos trae problemas de salud.


La práctica diaria de la meditación y la respiración consciente nos ayudan a calmar la ansiedad.

La práctica de la meditación y la respiración consciente son dos herramientas que nos ayudan a vivir el momento presente y a reducir progresivamente nuestro nivel de ansiedad hasta conseguir dominarlo.

Cuando sentimos ansiedad es porque estamos enfocadas en el futuro y en todo lo “malo” que nos puede pasar. 

Conforme vamos enfocándonos más y más en el momento presente, los miedos irracionales van desapareciendo.

En este artículo he hecho una introducción sobre el miedo porque, para que las personas adultas podamos acompañar a nuestres niñes, es imprescindible que nosotras aprendamos sobre inteligencia emocional.

Espero iros acompañando paso a paso en este camino.

La segunta parte la podéis leer en «Cómo acompañar a nuestres hijes cuando tienen miedo (2ª parte)».


Muchas gracias por leerme. 

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