En el artículo anterior “Cómo acompañar a nuestres hijes cuando tienen miedo (1ª parte)” te hablé sobre la diferencia entre el miedo saludable, que es aquel que nos alerta de peligros reales y del miedo limitante, que es el que se ha construído en nuestra mente a base de creencias y de malas experiencias pasadas.

En este apartado quiero hablar sobre cómo se va construyendo el miedo en la primera etapa de vida.

Evitemos transmitir nuestros propios miedos a nuestres hijes.
Cómo se construye el miedo limitante en la infancia.

Les niñes tienen miedo a las personas desconocidas, a la oscuridad, a los monstruos que ven en su imaginación, al primer día de colegio, etc. todos estos miedos son normales y saludables y forman parte de su desarrollo emocional. Se consideran miedos evolutivos porque le ayudan a madurar y a aprender a enfrentarse a las situaciones complicadas con las que se irá encontrando a lo largo de su vida.

Pero hay otros miedos que son aprendidos, es decir, que a base de la repetición de una serie de palabras, comportamientos y reacciones de las personas adultas, les niñes construyen miedos a cosas y situaciones que no necesariamente son peligrosas. Por ejemplo, si une niñe está jugando y se cae, y en ese momento la persona adulta va corriendo hacia elle con una cara y actitud nerviosas y empieza a decirle con un cierto grado de nerviosismo “¿Dónde te has hecho daño?”, le niñe se asustará más por la reacción de esta persona que por la propia experiencia de haberse caído; por el contrario, si la persona se va acercando tranquilamente para interesarse por cómo está le niñe y cuando comprueba que no se ha hecho nada importante, vuelve a su sitio, lo más probable es que le niñe se levante y continúe jugando.

Es muy importante que vigilemos cómo transmitimos nuestros propios miedos a les niñes. Cuando tenemos miedo a algo, tenemos una tendencia natural a evitar que elles se enfrenten a eso, pero es primordial que tengamos en cuenta que ese es nuestro miedo y no el suyo. Por ejemplo, si una persona tiene miedo a los perros, es muy probable que transmita este miedo a sus hijes porque cada vez que elles se quieran acercar a uno, les apartarán y les dirán con un cierto nerviosismo que no se acerquen porque les pueden morder y así, este niñe irá adoptando como propio el miedo a los perros. Otros miedos que transmitimos son: el miedo al agua, a conducir o a ir en coche, miedo a sufrir una enfermedad, etc.


Criar y acompañar sin ahogar.

Nuestra tarea más importante es la de acompañar a nuestres hijes a que aprendan a confiar en la vida y en sus propias capacidades, sin caer en ingenuidades.

Les tenemos que ir educando para que crean en elles mismes y aprendan a ser personas con una sana autonomía en función de la edad que tengan. Esto que te estoy comentando aquí no hace referencia solo a que aprendan a comer y a vestirse soles, sino que también comporta enseñarles a distinguir los peligros reales de los que no lo son y dejar que experimenten con la vida aunque esto suponga que se lleven algún arañazo o alguna decepción. Vamos a dejarles claro que siempre que nos necesiten estaremos allí para escucharles, abrazarles y ayudarles a levantarse y a continuar adelante.


Aprender consiste en caernos y levantarnos más de una vez.

Porque cada vez que cualquiera de nosotres nos caemos y nos volvemos a levantar, lo hacemos con más fortaleza y con más sabiduría y eso es válido, todavía con más fundamento, con nuestres niñes.

¿Te acuerdas lo que ocurre cuando un bebé empieza a caminar? Al principio cae un montón de veces, y siempre se levanta (de la mano de una persona adulta o agarrándose a algún sitio) y se vuelve a caer y se vuelve a levantar, y nosotres esto lo vivimos como el paso imprescindible para que aprenda a caminar; pero, ¿qué ocurriría si cuando vemos que se va a caer, fuéramos corriendo a evitarlo y le dijéramos con un cierto grado de angustia: “¡Madre mía! ¡Qué susto! Por un momento pensé que te caías al suelo”, y no dejamos que lo intente más?”; pues esto que ahora nos parece absurdo (o al menos eso espero), lo hacemos con nuestres hijes cuando les vamos transmitiendo nuestros miedos, sobre todo en la adolescencia.


Cuidado con la sobreprotección: crea miedos irracionales y limitantes.

¿Has oído hablar alguna vez de las familias helicópteros? Es la formada por personas adultas que siempre están encima de les niñes viendo terribles peligros por todas partes, algo que provoca que no les dejen apenas moverse. Estas familias crían niñes con muchos miedos y con gran inseguridad. 

Otra cosa distinta es la de vigilar que no se hagan daño, pero demasiadas veces somos las personas adultas las que vemos peligros donde no los hay.

Para un sano desarrollo en todos los aspectos de su vida, es imprescindible que permitamos a les niñes que experimenten, descubran, exploren todo lo que les rodea sin inculcarles nuestros miedos injustificados; también tenemos que mentalizarnos que iremos en su ayuda solo cuando sea realmente necesario.

Nuestra misión como personas adultas es la de acompañar, enseñar y proteger, pero nunca sobreproteger.

Algo que limita mucho a les niñes es cuando no les dejamos hacer nada sin nuestra ayuda. 

Tenemos que dejar que realicen tareas sin estarles encima, esto es algo imprescindible para que vaya adquiriendo seguridad y fuerza para hacer frente a sus miedos y a los retos que la vida le vaya poniendo.

No hagas a tus hijes todo aquello que elles ya pueden hacer por sí mismes: comer o vestirse soles, poner o quitar la mesa, responsabilizarse de llevar su ropa sucia al cubo correspondiente, prepararse su mochilla escolar, etc.

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