“Una meta no siempre está destinada a ser alcanzada. A veces solo sirve como algo a donde apuntar.”
Bruce Lee
Apunta alto y lograrás lo impensado.

Cuentan que, hace muchos años, en un lugar lejano, un rey ofreció una gran recompensa para aquella persona que clavara una flecha en la otra orilla del río que cruzaba el reino.

La convocatoria estaba abierta para todas las personas, sin ningún tipo de distinción.

Los primeros en presentarse fueron los mejores arqueros. Ellos estaban seguros de ganar, pero no fue así. Ninguno de ellos logró que sus flechas llegaran a la otra orilla del río.

Entonces, llegó el turno de un joven campesino. Todos los arqueros se burlaron de él. Le dijeron que si ellos, que eran los mejores del reino, no lo habían logrado, él ni lo debería intentar.

El joven no hizo ningún caso a las palabras de los arqueros y, muy concentrado, tiró la primera flecha que, por sorpresa de todas las personas que se encontraban allí, llegó a la otra orilla del río.

El rei se acercó al joven para felicitarle y darle la gran recompensa, pero el campesino estaba enfadado. Cuando le preguntaron qué le pasaba, él respondió que no entendía porqué le elogiaban tanto si él no había alcanzado su objetivo.

  • ¿Cómo que no? Has sido la única persona capaz de clavar una flecha en la otra orilla del río. Has logrado el objetivo marcado.

A lo que él respondió:

  • No he alcanzado mi objetivo porque yo estaba apuntando la luna.

Este joven campesino no logró alcanzar su elevada meta, pero al intentarlo llegó mucho más lejos de lo que llegaron todas las demás personas.


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