La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos las personas para gestionar nuestras emociones y, sobre todo, para expresarlas de forma adecuada.”

Janet Recasens

Es importante no reprimir las emociones que sentimos.

Recuerdo que cuando era pequeña mi mamá me reñía si lloraba en público, si me enfadaba o si reía muy fuerte, a ella la habían educado con la creencia que expresar las emociones en público era una vergüenza, principalmente por el qué pensarán o qué dirán las personas que me vieran. Ella había heredado estas creencias de su educación familiar, social y del momento histórico que le tocó vivir y me las transmitió a mí.

Esta represión de las emociones lo que provocaba es que en el momento más inesperado pudiera darme un ataque de risa descontrolado, o me pusiera a llorar desconsoladamente por algo, o me enfadara muy fuerte ante una situación que no era para tanto.

Cuando aprendí a gestionar mis emociones, a no reprimirlas, a expresarlas adecuadamente, desapareció un peso que ahogaba mi pecho y que no me permitía nunca expresar lo que sentía o lo que pensaba.

Hace muchos años que no me enfado descontroladamente porque aprendí a gestionar mi ira, lo mismo con las otras emociones.


Lo ideal es aprender inteligencia emocional en la niñez.

Pero si a ti, al igual que a mí, te adiestraron para reprimir tus emociones y no expresarlas en público porque es algo que da vergüenza, no te preocupes; podemos aprender inteligencia emocional a cualquier edad. Lo importante es que tomes consciencia de ello e inicies el trabajo de autoconocerte (algo realmente útil para ello es llevar un diario emocional en el que vayas escribiendo cómo vives y cómo sientes cada situación de tu vida diaria. Unas dos semanas más tarde es el momento de releer lo escrito y descubrir cuál de todas las emociones predomina en tus escritos.

Entonces observa lo que dices sobre ella, cómo piensas en las cosas relacionadas con ella, etc.

A partir de esto, decide empezar a realizar algún cambio; por ejemplo, en mi caso que me habían amaestrado para no llorar en público porque es algo vergonzoso, decidí llorar (si así lo sentía) en el cine al ver una película.

Cuando conseguí hacerlo, me sentí liberada. Hasta entonces, me había reprimido tanto las ganas de llorar cuando veía una película, que salía del cine con una opresión en el pecho que a veces me dificultaba la respiración.

Conforme te vayas conociendo y comiences a darte permiso para empezar a expresar tus emociones, irás liberando de peso tu mochila emocional.

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *