La vida es un continuo proceso de cambio, cuando uno deja de cambiar, muere.

Dicho popular

Y a pesar de saberlo, somos reacios a él.

A pesar de que sabemos que todo está en constante cambio tenemos una fuerte resistencia a él. Nos da miedo que las cosas sean distintas a como son; pero si no vamos cambiando nos quedamos estancadas.

¿Te imaginas un bebé que no cambiara nunca? Que no creciera, que no aprendiera a andar, a comer, a controlar sus esfínteres… Que se quedara siempre bebé porque le diera miedo cambiar.


¿Resistir o aceptar?

Cuando nos resistimos a los cambios que llegan a nuestra existencia, nos estamos negando a la natural evolución de la vida. 

Algunas generaciones anteriores a la nuestra no se planteaban el cambio: vivían toda la vida en la misma casa, tenían el mismo trabajo hasta que se jubilaban, compraban siempre en los mismos sitios, hacían las mismas cosas un día y otro.

Y, cuando la vida les traía un cambio natural, todo su mundo se desmoronaba.

Esto ya no es así, y, aunque quizás algunas personas lo vivan con nostalgia, esto lo que hace es prepararnos para los cambios que llegan inevitablemente a nuestra vida.

Y, cuando suceden estos cambios inesperados tenemos dos maneras de vivirlos: resistiéndonos a ellos o aceptándolos.

Si nos resistimos, vamos a sufrir. Incluso según la contundencia del cambio, podemos sufrir ansiedad o un miedo irracional a lo que viene; pero si lo aceptamos, nos iremos moldeando al cambio y seguiremos adelante con más fuerza.

Hay una famosa frase de Carl Jung que dice: “Lo que resistes, persiste; lo que aceptas, te transforma”.


Juega con la plasticidad de tu cerebro.

Haz cosas distintas a las habituales, a aquellas que ya se han convertido en un hábito arraigado y ayudarás a tu cerebro a adaptarse a nuevas situaciones. Puedes empezar con cosas sencillas:

  • Escribe un rato con tu mano menos hábil. 
  • Si haces cada día un mismo camino, cambia a menudo de ruta. No dejes que tu cerebro se acomode.
  • Lee o mira webs de temas por los que hasta ahora no habías sentido interés alguno.
  • Una vez al día, inicia una conversación con una persona desconocida.
  • Cada día haz algo que no hayas hecho nunca.
  • Etc.


Ocúpate de las cosas, pero no te preocupes inútilmente.

Demasiadas veces estamos dando vueltas y más vueltas a las cosas que nos preocupan y por las que, a menudo, no podemos hacer nada.

Cuando estés ante lo que sientes como un problema, valora la situación. Si puedes hacer algo para solucionarlo, hazlo; si no puedes hacer nada, olvídalo.

Sé que es mucho más fácil de decir que de hacer, pero si no podemos hacer nada para evitarlo y nos resistimos, vamos a sufrir inútilmente. 

Estas últimas semanas estamos viviendo cómo el volcán Cubre Vieja de la isla de La Palma, en Santa Cruz de Tenerife, va sepultando casas y pueblos. En este caso, de nada sirve resistirse; no hay más opción que aceptar lo que está pasando, recoger lo que se pueda y empezar de nuevo por más duro y terrible que sea.

Estas personas se han visto obligadas de manera drástica a cambiar de vida sin buscarlo para nada.


Un paso hacia adelante.

A menudo hay aspectos de nuestra vida que van mal y que sabemos que nos interesaría mucho hacer cambios en ellos; pero el miedo a lo desconocido hace que vayamos dejando para otro momento ese cambio, hasta que llega un momento en el que no tenemos más opción porque todo ha empeorado.

Procura no llegar a ese extremo. Siéntate con calma y analiza qué aspectos de tu vida necesitan un cambio.

Luego, planifica cómo puedes ir haciendo estos cambios día a día, de manera progresiva. Cuando lo hagas, serás tú quien lleve el control de tu vida y no el azar.


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