Este es un cuento oriental que más que un cuento parece una disertación sobre cómo aceptamos los reveses que se nos presentan en la vida.

Si depende de ti, cámbialo. Si no depende de ti, acéptalo, aprende y adáptate.

Un joven discípulo cuyo anciano maestro era conocido por su imperturbable serenidad admiraba enormemente esa cualidad, y un día le preguntó:

  • Maestro, a usted nada perturba su serenidad. ¿Cuál es el secreto?
  • Cooperar incondicionalmente con lo inevitable.
  • Pero, maestro, no lo entiendo.

El maestro le hizo una indicación para que se sentaran y le explicó:

En la vida se nos presentan situaciones impredecibles, y en general son situaciones que no queremos. En el momento en que no aceptamos lo que nos pasa, sufrimos un desgaste emocional y nuestra alma se perturba.

Perder a una persona querida, un revés económico o cualquier otro contratiempo origina nuestro sufrimiento porque nuestra mente se resiste a aceptarlo, pues nuestro ego pierde el control.

Aceptar los hechos que “creemos” que no podemos controlar es parte de elevar nuestra energía y aprender que la aceptación no debe ser resignación. Aceptar es interpretar que tener momentos duros es parte de la vida y que nos llevan a aprender algo.

Cuanto más rápido nos adaptamos a una circunstancia menos sufrimos, y no digo ser indiferentes o que nos resignemos como ovejas.

Aceptar significa no resistirnos desde nuestro interior. Entender que cada situación tiene una explicación, que todas las cosas pasan por un «por qué» y que, dentro del medio o largo plazo, son siempre a nuestro favor. Es necesario comprender que la vida no nos pone en esas situaciones para castigarnos, sino para aprender algo, entender, crecer y luego seguir avanzando. Pero esto requiere que primero aceptemos lo que nos sucede. Esta es una actitud de madurez, de crecimiento espiritual y humano.

Hay un refrán que dice “Dios sabe cómo hace sus cosas” y se refiere a que en general las cosas que nos ocurren no se presentan cuando nosotros queremos sino cuando es el momento indicado. Esos momentos rara vez ocurren automáticamente y a nuestro antojo, pero si analizas tus circunstancias en retrospectiva, deberás reconocer que después de cada mal momento y con una mente clara, hay un beneficio final de todos los acontecimientos.

No sufras, acepta, coopera con lo inevitable y la sabiduría llegará a ti para que puedas entender, aprender y adaptarte a lo nuevo. Todo tiene una razón de ser, solo con paciencia y mirando hacia atrás vas a poder comprenderlo todo.

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