«Dios me ayudará», decía el cura del pueblo.

Muchos de los que me seguís reconoceréis esta historia porque la explico en algunos de mis talleres, charlas, conferencias y demás. Me gusta especialmente porque es un ejemplo claro y gráfico de la actitud que tenemos ante un problema, es decir, somos libres de actuar para resolverlo, o de no actuar y esperar a ver si se resuelve solo. Y también es un ejemplo de en qué nos enfocamos para solucionarlo: ¿hay una sola opción, o hay varias?

En este caso concreto, cuando recibimos ayuda en la forma que sea, nuestra libertad reside en escoger entre dos opciones: aceptarla y actuar, o bien dejarla pasar y no cambiará nada.

Cuentan que un pueblecito situado en el centro de un valle, recibió un aviso de alarma de los meteorólogos: debía ser desalojado lo antes posible por riesgo de graves inundaciones porque una gran tormenta se aproximaba, y, además, existía la posibilidad de rotura de la presa que tenían un poco más arriba.

Los vecinos empezaron a abandonar el pueblo, pero el cura se refugió en la iglesia.

Empezó a subir el nivel del agua y cuando le llegó a los tobillos, uno de los vecinos paró su cambión delante de la iglesia y le dijo:

  • ¡Venga conmigo, padre! ¡El agua sube rápidamente de nivel!
  • No te preocupes, hijo, que Dios me ayudará.

Cuando el agua le llegó a la cintura, pasó por allí otro vecino con una lancha de rescate y le pidió:

  • ¡Suba, padre, que el pueblo se inunda muy deprisa!
  • No sufras por mí, hijo. Marcha tranquilo que Dios me ayudará.

El agua siguió ascendiendo y el cura subió al campanario de la iglesia, que era el sitio más alto del pueblo; las casas ya estaban sumergidas.

Entonces, alertado por los vecinos, apareció un helicóptero que le lanzó una escalerilla, mientras le gritaban:

  • ¡Sujétese a ella padre! ¡No tema, nosotros le ayudaremos a subir!
  • Marchad tranquilos -les respondió sin perder la calma- porque Dios me ayudará.

El helicóptero se fue, el agua inundó también el campanario y el cura se ahogó.

Cuando el cura llegó al cielo y vio a Dios, le recriminó:

  • Yo pensaba que me ayudarías, y sin embargo me ahogué.

A lo que Dios respondió:

  • ¿Cómo dices? ¡Sí que te ayudé!: te envié un camión, después una lancha y por último un helicóptero, ¿qué más necesitabas?


A veces no vemos las oportunidades y nos centramos en una sola salida.

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