Incorpora el sentido del humor a tu vida diaria y tómate la vida como un juego.

Hoy compartiré brevemente algunas ideas que, siempre que las apliques de manera reiterada y constante, te van a permitir vivir con más paz interior y con más felicidad.

Recuerda que todo es cuestión de practicar y practicar y de no rendirte aunque durante algún tiempo no veas resultados. Algunas de las que te voy a compartir, las encontrarás desarrolladas en algunos artículos de este blog, otras, las iré exponiendo en futuros posts.


  1. Ten una cita contigo misma. 

Reserva cada día de 20 a 30 minutos como mínimo para estar a solas contigo. En esos encuentros aprovecha para preguntarte cómo estás, qué necesitas, qué sientes, cómo te ha ido el día, etc.

Es importante que durante ese rato no estés para nada ni para nadie más que no seas tú, así que nada de teléfonos, tabletas ni otras distracciones similares.

Aprovecha para escribir, dibujar o expresar en un cuaderno cómo te sientes. Ten a mano lápices de colores, bolígrafos, rotuladores, etc. y deja volar tu imaginación. No vas a presentar estos dibujos a ningún concurso (bueno, a menos que quieras) son de ti para ti. No escuches para nada esa vocecita que te va a decir: “pero, ¿qué vas a hacer? Si tu dibujas fatal”, o “¿No eres mayorcita para hacer estas cosas?”, etc. Ignora estos comentarios que te censuran y déjate llevar.

Lo más importante de esta cita es que muestres un interés real por ti, por cómo estás, por cómo te sientes…

Aquí puedes leer el artículo titulado “Una cita con la persona más importante de tu vida: TÚ” 


  1. Incorpora el sentido del humor a tu vida diaria y tómate la vida como un juego.

La risa, esa que cuando aparece no te permite hablar y que tiene el gran poder de liberarte del estrés, es algo que necesitas incorporar a tu vida diaria para poder vivir en paz y alegría. No te estoy invitando a ignorar los problemas o a tener actitudes irresponsables, te estoy incitando a que empieces a disfrutar más de la vida y de ti de una manera consciente.

Cuando reímos abiertamente no dejamos espacio para que el ego intervenga con su vocecita de censura y esto nos libera muchísimo. Además, la risa tiene el maravilloso poder de ser contagiosa igual que la sonrisa. Puedes tener delante tuyo una persona que no entienda tu idioma ni tú el suyo, pero si le sonríes, seguro que eso lo entiende y, en la gran mayoría de veces, te devolverá la sonrisa.

Si te cuesta reír, puedes provocarte la risa; por ejemplo, puedes destinar unos minutos al día a ver vídeos de bebés riendo; o cada vez que te veas en el espejo, haz una mueca o procura mirarte fijamente y aguantarte la risa hasta que explotes. 

Incorpora la risa como un nuevo hábito en tu día a día, verás cómo ganas calidad de vida. 


  1. Practica Mindfulness y ejercita la atención plena.

El creador del Mindfulness, Jon Kabat Zinn lo definió como “el proceso de prestar atención de una manera particular, intencionadamente, o sin juzgar, al flujo de experiencia en el presente, momento tras momento”.

Practicar el poner nuestra atención al momento presente, sea como sea este sin emitir ningún juicio, es un aprendizaje que, a la larga, nos va a permitir tener una vida plena.

Es aprender a observar y a poner la atención en aquello que estás haciendo en cada momento. Esto también es una práctica.

Te invito a que varias veces al día, dejes de hacer lo que estés haciendo y realices dos respiraciones profundas intentando poner toda la atención en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo.

Otro ejercicio que te propongo es el de que cada vez que tengas que pararte para algo (hacer cola, en un semáforo, mientras esperas a alguien…) aproveches para poner atención a lo que ocurre a tu alrededor. Solo observando, sin emitir ningún juicio. De nuevo te recuerdo que es cuestión de ir practicando, pero si lo haces, con el tiempo verás como encuentras más y más momentos de paz.

Agradece tanto como puedas.
  1. Agradece tanto como puedas. Procura poder mucho.

Te invito a que lleves un diario de agradecimiento. Al principio, empieza anotando todo lo que vayas recordando de las cosas que has tenido y tienes, y lo que otras personas han hecho por ti. Luego, adopta como un hábito el anotar cada día de tres a cinco cosas que quieras agradecer.

Este ejercicio aporta grandes beneficios a las personas que lo practican. Algo que a mí me gusta mucho hacer es dar las gracias a todas las partes de mi cuerpo por todo lo que hacen por mí desde el momento en que me engendraron. Es algo que me lleva 10 minutos de práctica y que me genera un gran beneficio. Me siento en un sitio cómodo, cierro los ojos y visualizo todas las partes de mi cuerpo. Empiezo por los pies y voy subiendo, también dedico este agradecimiento a mis intestinos, pulmones, riñones, etc. Termino dando las gracias a todas y a cada una de mis células y, de esta manera, el agradecimiento alcanza a la totalidad de mi cuerpo.

La práctica del agradecimiento trae grandes beneficios a nuestra vida: mejoramos nuestras relaciones personales, nos permite ver las cosas desde un ángulo más positivo, nos ayuda a tener más fortaleza para afrontar los desafíos de la vida y nos provoca efectos saludables tanto a nivel físico, como mental y espiritual en nosotras porque cambia positivamente nuestra actitud, nos hace darnos cuenta de que somos mucho más afortunadas de lo que vemos a simple vista. 

Aquí puedes leer el artículo titulado “La magia de agradecer” en el que encontrarás este apartado más desarrollado.


Muchas gracias por leerme.

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