“Es importante que aprendamos a convivir con las emociones de forma saludable.”

Janet Recasens

Reprimir o negar las emociones nos lleva a un desequilibrio emocional, y nos perjudica también a nivel físico.

Ahora que ya tenemos bastante claro que una gestión inteligente de las emociones es imprescindible para tener un buen equilibrio físico y emocional, es el momento de tomar acción, porque ya lo he comentado varias veces por aquí: la teoría está muy bien, pero sin práctica no nos sirve de mucho.

Así es que en este post voy a compartir algunas ideas para que puedas gestionar tus emociones de manera inteligente.

Antes de seguir me gustaría recordarte que para tener un equilibrio físico y mental saludables necesitamos que los dos hemisferios de nuestro cerebro sean un equipo totalmente equilibrado y esto significa que ninguno de los dos tiene que predominar por encima del otro. Dicho de una manera más coloquial, que nuestro cerebro y nuestro corazón vayan juntos de la mano formando el mejor tándem del mundo.

Si actualmente estamos poniendo más énfasis en cultivar el hemisferio derecho (que es el que se encarga del mundo emocional) es porque hasta la actualidad ha sido el gran olvidado y necesita avanzar para llegar al mismo nivel de reconocimiento que el izquierdo, pero no para tomar su relevo. Lo importante para nuestro organismo es que ambos vayan a la par formando un gran equipo.


Ideas para mejorar la gestión de tus emociones.

1. Escribir un diario emocional.

He escrito en varias ocasiones sobre la importancia de llevar un diario emocional, así es que te invito a leer estos dos artículos en los que te lo explico todo con mucho más detalle:

¿Qué es tu diario emocional y cómo te puede ayudar? y

Diario emocional: la terapia más económica que encontrarás.

2. Deja ya de criticarte y empieza a aceptarte.

Esto es algo que arrastramos desde la infancia. Nos reñimos y nos criticamos cada vez que nos equivocamos, hacemos algo mal o no hemos dicho lo que nos hubiera gustado decir o no hemos puesto límites en su momento… el motivo es lo de menos. 

Toma consciencia de las veces en que te tratas mal, te criticas y hablas mal de ti, y di ¡BASTA! de una vez.

Decide ahora mismo ir cortando de raíz toda esta porquería emocional para sembrar nuevos comentarios y opiniones sobre ti. Ten mucha paciencia contigo y trátate con el máximo amor que puedas. Quizás al principio te cueste un poco, pero te garantizo que si insistes sin parar, lo vas a lograr. Cuando decides tratarte con respeto y amor incondicional, todo tu entorno cambia a mejor para ti. Pruébalo y verás.

3. Tener razón o tener paz.

Una de las cosas que perturban nuestra paz interior es esta batalla por querer tener razón por encima de otras personas, e incluso si en ese momento no podemos demostrar que la tenemos, lo hacemos a posteriori.

Esto supone un gran desgaste emocional, es como tirar tu energía a la basura y, créeme, es una lástima desperdiciarla así.

Qué importa quién tenga razón, esto es cosa del ego. Tú tienes una manera de ver el mundo, tienes unas creencias que te han inculcado en la niñez que te dicen cómo tiene que ser el mundo en el que vives; bueno, a ti, a mí y a todas las personas que nos rodean nos han inculcado lo mismo. Lo que ocurre es que mi familia tenía unas creencias sobre cómo tiene que ser el mundo, la tuya otras y las de las demás personas otras. Todas distintas. 

Cuando somos personas adultas creemos que el mundo es tal y como nos han enseñado que es, no como realmente es y defendemos a capa y espada nuestra visión como una única opción de verlo y vivirlo;  pero no es así.

¿Qué tal si empezamos a dejar de lado nuestras creencias y empezamos a abrirnos a otras posibilidades, a otras maneras de vivir la vida? Ahora que estamos viviendo una realidad multicultural es un gran momento para descubrirlo.

4. Medita y contempla lo que te rodea.

Siéntate un rato cada día y pon tu atención en la respiración. Solo en eso, en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo.

Te invito a que, al principio, hagas entre dos y tres respiraciones profundas, poniendo toda tu atención en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo.

Luego, quédate sentada unos veinte minutos y dedícate a contemplar lo que te rodea. Cuando tu mente te mande mensajes del tipo “con la de cosas que tienes que hacer y ¡ala! tú aquí, sentadita perdiendo el tiempo”, o si te distrae con cualquier otro pensamiento, lo único que tienes que hacer es decirle amablemente: “Ahora estoy conmigo misma contemplando lo que me rodea, luego me lo cuentas” y así una y otra vez.

Todo, absolutamente todo, es cuestión de práctica; pero si eres perseverante y decides hacerlo, verás que en unas semanas empiezas a notar cambios positivos en tu actitud hacia la vida.

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